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Road movie documental-lacustre

Nota de los directores: Víctor Escribano y José Luis López-Linares

Dabiz llamó a la puerta de nuestra productora a principios de 2019 con la siguiente propuesta: hacer un documental que diese visibilidad a gente «con habilidades extraordinarias» como él y que animase «a todo el mundo a hacer lo que le guste hacer». Dabiz ultimaba los detalles de un viaje de seis meses por los lagos de Europa del este, en una furgoneta acondicionada para que viviesen él y sus dos ayudantes, y quería grabar todo su periplo. 


Dabiz desprende una luz especial; en tiempos de acedía y nihilismo, su determinación firme pero tranquila, su alegría de vivir y sentido de propósito, son esperanzadores. José Luis López-Linares, productor de 7 lagos 7 vidas y director de cine documental con más de 20 años de trayectoria, fue el primero en ver esa luz, y apostó por el proyecto sin condiciones. Le dimos a Dabiz dos cámaras, una GoPro y una Insta360, ambas ligeras, discretas y de gran angular (esta última, tan grande que graba en todas direcciones). Así podría efectivamente grabarlo todo, y lo haría entrometiéndose lo mínimo en la acción. 


El resultado fue mejor de lo que podríamos haber imaginado: en su determinación de darle voz a las personas con diversidad funcional mientras se bañaba en todo lago mínimamente accesible, y en su afán por grabarlo todo, Dabiz había conseguido una mezcla única de retrato íntimo, reivindicación social y aventura. ¿Cómo era posible que una persona que no puede caminar sin ayuda hubiese sido el motor de todo aquello? Tener de punto de partida un material tan auténtico era un regalo del cielo. ¿Cuántas veces se estira el obstáculo para cubrir la necesidad de drama? Lo que nos trajo Dabiz era lo opuesto al reality show, un bruto que haría las delicias del gran Abbas Kiarostami. Sin embargo, en esa intimidad sin trampas se encierra además la fuerza del documental.


Ser testigos del conflicto es siempre, en mayor o en menor medida, impertinente; esto es, una vulneración de la intimidad del que sufre. Lo más decente frente a una imagen de una persona que sufre es apartar la mirada, retirar la cámara. La innegable urgencia de lo que sucede en riguroso presente la gente de verdad, su fuerza para desnudar el relato de artificio, se hace a costa de alguien, y el problema ético es ineludible. 7 lagos 7 vidas no pudo arrancar y no podrá completarse sin el sacrificio de Dabiz y otros y otras como él dispuestos a mostrarse en lo bueno y en lo malo. Aunque haya entrevistas, no será de cabezas parlantes que explican el tema, sino siendo testigos, sin rastro de impudicia, pero con la cercanía necesaria, del sufrimiento y la esperanza del enfermo.

Dabiz, su viaje y sus iniciativas son una oportunidad, como no se nos va a presentar otra, de hacer un documental no ya, por supuesto, sobre la ELA, sino sobre el sufrimiento humano. Una oportunidad única porque el punto de partida es la perspectiva de un enfermo que no se deja derrotar por nada. Hacer un documental sobre la ELA que transmita esa luz que tiene Dabiz y que intuimos al conocerle, un documental que contagie, como nos ha contagiado a nosotros, sus ganas de vivir.